2 octubre, 2018

Bajo la sombra de los grandes

Sin duda, cuando se menciona el movimiento muralista en México, de inmediato se nos viene a la mente la obra de Diego Rivera, de David Alfaro Siqueiros y de José Clemente Orozco, pues han representado a nuestro país ante el mundo durante décadas.

Sin embargo, bajo la sombra de estos gigantes, existen nombres supuestamente secundarios que no fueron parte de este movimiento, pero que son representantes de otras corrientes estéticas y de colectivos poco reconocidos.

Un ejemplo de esto es la corriente indigenista, que no arrancó con la Revolución de 1910 ni el muralismo ha sido el único que la ha considerado. Los pintores de caballete también exploraban en los paisajes y los rostros de diferentes etnias, de la misma manera que los modernistas mexicanos no se limitaron a copiar a los maestros europeos, sino que crearon su propio estilo.

En esta larga lista de artistas semiolvidados están Ángel Zárraga, Agustín Lazo, Roberto Montenegro,  Rufino Tamayo y Francisco Goitia quienes expusieron la otra cara de la Revolución Mexicana como creadora de caos y devastación. Pero también el arte se llenó de paisajes, flores y frutas. Artistas como Olga Costa mostró un panorama botánico en su obra La vendedora de frutas, donde muestra una gran variedad de éstas.

Así como Olga Costa, hay una larga lista de mujeres que fueron ensombrecidas por la presencia de Frida Kahlo, quien ha sido reivindicada como mito feminista. Los nombres de Dolores Olmedo, Tina Modotti, Nahui Olin, María Izquierdo, Rosa Rolanda, incluso la fotógrafa Lola Álvarez Bravo se han hecho a un lado a pesar de la grandeza de su obra.

Lo que es innegable es que el arte de este tiempo fue un instrumento ideológico para reforzar el sentimiento de pertenencia del pueblo mexicano. Los sublevados que luchaban por la repartición equitativa de las tierras y salarios dignos se convirtieron en coloridos protagonistas que gritaban consignas y marchaban hombro a hombro reivindicando un ideal de justicia social.

De estas obras surgían todos los colores, olores y sabores de la cultura prehispánica, así como los paisajes, su comida, su gente con sus desencantos y sus risas. El arte mexicano reivindico a los valores de nuestro país y abrió camino al desarrollo de corrientes contemporáneas como el Street Art.

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