16 agosto, 2017

Dos anécdotas de Benito

A pesar de su brillante carrera política, siempre destacaba la gran modestia de el Benemérito de las Américas.

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Una de las muchas anécdotas que revelan la humildad de don Benito fue el incidente ocurrido en el Teatro Nacional. Siendo ya ministro de Justicia, llegó tarde a una función para la ópera, al ver que un hombre se había apoderado de su asiento, le pidió lo desocupara, a lo que el hombre se negó groseramente, por lo que Juárez se retiró a buscar otro sitio. En el entreacto el acomodador fue a explicarle al intruso que esa luneta era del señor Ministro de Justicia, por lo que el hombre, atemorizado, fue a pedir disculpas y a suplicarle que tomara su asiento, pero don Benito se negó amablemente y le permitió seguir disfrutando de la función desde la luneta que tenía reservada para él.

Otra historia cuenta que, siendo ya Presidente de la República, una noche llegó con sus colaboradores al Puerto de Veracruz, donde de emergencia les dieron alojamiento en una casa particular. La habitación del Presidente no tenía baño y como él acostumbraba a bañarse diariamente, al levantarse por la mañana pidió a una mujer negra que trabajaba en la casa que le llevara agua para asearse, a lo que le contestó con impertinencia: “¡Sírvase usted si quiere!, ¡Yo no soy su sirvienta!”, así que Juárez acarreó el agua con la mayor humildad. Un poco más tarde, la trabajadora se dio cuenta de su error y tuvo que pedirle disculpas, a lo que él tranquilamente accedió.

Estas anécdotas y muchas más, hablan no solamente de una mente brillante y de un gran político, sino del alma noble de don Benito Juárez.

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