En tu corazón mi voz

Caía un chubasco veraniego al filo de las costas oaxaqueñas, cuando Kantyi enterraba sus pies en la arena, contento dejaba que la lluvia bañara su rostro mientras entre sus brazos detenía a su fiel amigo Hmini, un abejorro tallado en madera que con mucho esmero y amor su abuelo creó.

Kantyi es un niño amuzgo de seis años como cualquier otro, en esta época suele ir a pescar por la mañana a Puerto Angelito, él trae los frutos del mar a su mamá, quien atiende un pequeño comedor en la playa de los pescadores.

Kantyi hace vibrar los dijes del océano, sopla fuerte dentro de la concha de un caracol para que de su interior se escuche el mensaje de las entrañas más profundas de los mares, siempre escucha la tonada pero falta letra a su canción.

En este momento es cuando Hmini abre su pecho y de su boca salen mil y un historias, anécdotas, hechos, y momentos que son relatados en lengua amuzgo, la cual es originaria de Oaxaca y Guerrero, idioma que al pronunciarse parece oda por su armoniosa composición.

De las entrañas de madera de Hmini se cuenta la historia de la vieja luna que con tal de lograr un poco de juventud, le robó varios besos a un tierno guerrero que andaba en búsqueda de sus sueños, la vieja luna se sonrojó y alumbró cada día el camino del gladiador.

  • ¿Cómo dices que un pedazo de madera te cuenta esas historias? – le cuestionan sus amigos.
  • Hmini no es un pedazo de madera, es la creación de mi abuelo, cada noche él me cuenta las páginas que escribieron nuestra historia, lo único que tengo que hacer es dejar que se guarden en el corazón de Hmni para entonces yo recordarlas – contestó Kantyi.

Así el niño amuzgo vela por el cuidado de su lengua madre, idioma de gente brava, que en su corazón perdura la nobleza. ¿Recuerdas cuando tus juguetes te hablaban?

 

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