24 octubre, 2017

La seducción del venado

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Aunque en el extranjero, el mariachi es la referencia más común a la música mexicana, no es lo único que representa a nuestro país.

En México, tenemos una amplia gama de sonidos que provienen de diferentes puntos de la República. La mayoría de las expresiones artísticas que se conformaron a través de los siglos son resultado del sincretismo entre los pueblos indígenas, negros, españoles y mestizos.

Hay un tipo de música prehispánica que aún podemos reconocer en versión casi original hasta nuestros días, una de estas piezas está representada por la “danza del venado”, tradicional de los indios yaquis que habitan la región de Sonora y Sinaloa. En ésta se fusionan los sonidos  del teponaztle y el huéhuetl -tambores de madera-, el baa-wehai o tambor de agua y flautas de barro y carrizo, las notas de éstos se funden con las que se desprenden de los caracoles que envuelven las pantorrillas del bailarín y los senasos –sonajas de bule- que agita en sus manos.

El danzante adquiere esta habilidad en un proceso místico y puede ser guiado de tres maneras: por tradición, es decir, el conocimiento heredado oralmente de generación en generación; por ‘manda’, cuando el danzante se encomienda a una deidad para sanar de alguna enfermedad y el pago por curarse es convertirse en danzante; la tercera por “encanto” cuando un miembro de la tribu busca aislarse en la montaña, el desierto o cerca del mar y ahí el Juya Aniya (una entidad viviente que conforma el mundo de la naturaleza que lo envuelve), lo introduce a este conocimiento, de tal manera, que al regresar a casa, decide dedicarse a la danza.

“La danza del venado” nos recuerda el esplendor de la naturaleza y al mismo tiempo la inocencia y la mansedumbre y su ejecución es una ceremonia que viene del pasado yaqui y que ha sido resguardado con respeto como parte de sus usos y costumbres. Esta fusión de percusiones y alientos, aunado a una gran disciplina es lo que permite al bailarín entrar en una especie de trance donde muestra la majestuosidad del animal, lo hace girar y contorsionarse hasta llegar a su muerte.

La música y la danza en México tiene estos orígenes en su forma tradicional, pero también ha sido el germen de los rumbos que han tomado las nuevas generaciones de artistas.

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