31 octubre, 2019

Día de Muertos, celebración milenaria

“Hay que vivir sonriendo, para morir contentos”

Como cada año desde finales de octubre los campos mexicanos se tornan naranja vibrante y un aroma muy particular, el del cempasúchil y es la primera llamada para que los millones de hogares se preparen para celebrar esta milenaria tradición. Es el recordatorio de que nuestro tiempo en esta vida es efímero. 

Desde tiempos ancestrales el paso de la vida a la muerte, ha sido motivo de rituales, ofrendas, celebraciones, mitos y leyendas. Los mexicanos nos caracterizamos por siempre ver el lado positivo de las cosas, si bien es cierto, la pérdida de un familiar, amigo, compañero o un conocido es algo fuerte y que solo el tiempo es capaz de curar, tenemos una forma de siempre llevar en nuestro corazón a nuestros seres queridos, y es en la Celebración de Día de Muertos, donde con más cariño los recordamos, alistamos una mesa que llenamos con la comida favorita de esa o esas personas que se nos adelantaron, sal, agua y por su puesto creamos un camino de luz y flores para que encuentren el camino.

A lo largo y ancho de nuestro territorio podemos encontrar una forma distinta de conmemorar este día, cada pueblo, cada barrio, colonia y ciudad ha ido adoptando esta tradición que pasa de generación en generación, un ejemplo claro es que antes las ofrendas eran solo para las personas, ahora nuestros fieles compañeros de 4 patas, también pueden formar parte, para preservar su recuerdo por todas las sonrisas que nos sacaron durante su vida. 

Esta tradición se viene celebrando incluso desde antes de la llegada de los españoles, se tienen registros de que culturas como la maya, purépecha, totonaca y mexica  celebraban con cantos, rituales y ofrendas. 

No importa que tan grande o pequeño sea el altar, lo importante es la capacidad que tiene esta celebración de reunir a chicos y grandes que juntos ponen el altar, van a visitar las tumbas y arreglarlas con flores, tal vez dediquen una misa y al finalizar la visita de las ánimas, sentarse a la mesa y compartir los alimentos, contar historias que nos llenan el corazón de alegría y anhelo. Ver las fotografías y revivir esos momentos con mucho cariño.

En algunos casos se tiene la costumbre de celebrar el 1 y 2 de noviembre, pero hay otros que celebran desde antes y a cada fecha le dan un significado.

28 de octubre: en honor a los que murieron de una forma repentina o violenta y no pudieron llegar a su destino.

29 de octubre: a todos aquellos que perdieron la vida ahogados o asfixiados 

30 de octubre: para la memoria de las almas solitarias u olvidadas, aquellos que no tienen familiares que los recuerden, también para los huérfanos.

31 de octubre: en conmemoración de los que se encuentran en el limbo, también para aquellos que no nacieron o no recibieron el bautismo. 

1 de noviembre: para recibir a los “angelitos”, los que murieron siendo niños.

2 de noviembre: Para los adultos.

Hay ciertos estados en los que celebran con imponentes altares de 7 pisos, otros que pasan la noche en vela en los panteones o comunidades en el que las ofrendas son colgantes. Pero lo más importante es pasar estos días en familia, preservando nuestras tradiciones y costumbres que nos dan identidad como país. Y recordar con mucho cariño y respeto a nuestros “muertitos” quienes aún en el más allá siguen dándonos lecciones y son ellos un claro ejemplo de maestros de vida…

 

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