30 mayo, 2019

El emperador cristiano

Había una vez un niño que paseaba la mayor parte del tiempo en los campamentos militares romanos. Cuando su padre, Constancio Cloro, fue proclamado césar de los Alpes Occidentales lo enviaron a la corte del emperador Diocleciano para acompañarlo en su expedición a Egipto en 296. Ahí, Constantino fue educado con esmero y atestiguó la persecución contra los cristianos que su tutor llevaba a cabo.

En el año 305 su padre recibió el título de augusto de la mitad occidental del Imperio Romano. A la muerte de éste, sus tropas quisieron delegarle el título de augusto a su hijo Constantino, pero esto se logró después de muchas batallas  y de su matrimonio con la hija del emperador Maximiano, quien lo apoyó para darle formalmente ese cargo. 

El Imperio Bizantino fue resultado de años de un gran caos político y de la decadencia del Imperio Romano, pues se peleaban diversos territorios entre cinco augustos (algunos legítimos y algunos usurpadores) y un solo césar. Las batallas entre estas fuerzas eran brutales y sangrientas y a veces eran traicionados por sus propias tropas. Italia, Turín, Verona, Roma entre muchas otras ciudades constantemente eran escenarios de violentas luchas por el poder.

Por su parte, Constantino profesaba una religión monoteísta y estaba cercano al cristianismo convencido de que ese credo sería el que lograría unificar al Imperio. Finalmente, en el año 315 logró ser nombrado como único emperador de Occidente, ratificado por el Senado, y formó una alianza con el Imperio de Oriente. Se promulgó el Edicto de Milán en el cual se decretaba la libertad de cultos en todo el Imperio y se restituyeron los bienes eclesiásticos.

Aunque esta paz no duró mucho tiempo, Constantino erigir la ciudad más importante del Imperio Bizantino: Constantinopla, un lugar privilegiado con monumentales edificios y obras públicas.

A pesar de salvaguardar los intereses del cristianismo, no fue sino hasta en su lecho de muerte que cambió sus ropajes imperiales y fue bautizado en Constantinopla el 22 de mayo de 337.

 

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