9 agosto, 2019

El fantasma europeo del siglo XIX

Había una vez un fantasma que recorría toda la vieja Europa y aterrorizó a los zares, a los monarcas y hasta a los Papas. Aunque más bien, era una idea, una idea que asustaba tanto o más que un espectro atroz.

 

La nobleza y la Iglesia buscaron formas de exorcizar a los pobladores de Francia, de Alemania, de Rusia, del Reino Unido y otros países de esta visión que empezó a poseer su espíritu y su razón. Los poseídos fueron reprimidos, desinformados y hasta asesinados antes de que trasmitieran este peligroso virus a sus compañeros de trabajo, sus amigos, sus vecinos y sus familias.

Esta idea proponía una nueva forma de organización social, económica y política en la cual el Estado tomara los medios de producción para distribuirlos entre sus ciudadanos según las necesidades de cada uno y, de esta manera, extirpar del sistema económico que propiciaba la lucha de clases.

Karl Marx y Friedrich Engels escribieron, en 1848, un manifiesto donde abogaban por suprimir la sociedad capitalista y establecer esta nueva forma de gobierno que permitiera colectivizar los bienes de la nación apostando por el valor de la clase obrera industrial frente a la burguesía. De esta manera fue que el marxismo destacó entre la gran variedad de doctrinas que empezaron a surgir en ese entonces.

Tomando como referencia el marxismo, Vladimir Lenin llegó al poder en Rusia a través  de la Revolución de Octubre en 1917. Lenin pensó en expandir sus ideas socialistas apoyando a otras luchas civiles en el resto del mundo por lo que se creó el Congreso de los delegados del ala izquierda de la socialdemocracia europea.

Ése fue el surgimiento de uno de los sistemas económicos que durante todo el siglo XX se expandió y arraigo en muchos otros países como Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania y Yugoslavia, además de Alemania del Este, sin embargo, el cambio del orden mundial en la década de los noventa hizo que abandonaran esta ideología paulatinamente. Incluso el continente africano se vio influenciado por las ideas marxistas en países como Angola, Benín, Congo, Etiopía, Mozambique y Somalia, pero su dependencia económica de las potencias y la corrupción política impidieron el desarrollo de este germen. 

Aunque en su momento, el comunismo cambió radicalmente la forma de percibir a un gobierno y se hicieron avances significativos en las naciones que se apropiaron de este sistema, llegó a su decadencia. Actualmente sólo quedan vestigios de ese viejo fantasma en Vietnam, Laos, China, Corea del Norte y Cuba, entre otros, pero en la mayoría ha muerto.

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