3 junio, 2019

España sin gitanos

 

Había una vez un pueblo errante cuyos misteriosos integrantes están rodeados de un halo de leyendas. Hay quienes dicen que llegaron a finales del siglo XV a la península ibérica por los Pirineos desde Europa central, por eso los íberos pensaron que provenían de Egipto (lo que actualmente es Chipre y Siria), así que les nombraron egipcianos o egitanos y finalmente, como los conocemos hoy: gitanos. Otro nombre que se les asigna –incluso aquí en México- es el de “húngaros”. Pero sean gitanos o húngaros  siempre se les vio de manera despectiva por ser migrantes.

Otra hipótesis sobre su origen es que partieron de la India alrededor del año 1000, lo que explicaría algunas de sus costumbres. Parte de esta idea, es que eran parte de una clase de soldados-esclavo y mercenarios de las tropas ghaznavíes que asolaban el noroeste de la India a principios del siglo XI. También, pudieron ser parte del ejército del Imperio bizantino para defender el Peloponeso durante el siglo XIV. Estos antecedentes militares sería la razón por la que siempre se han constituido en pequeños guetos asociales.

Las primeras referencias de la entrada de los gitanos al territorio español se refieren en el siglo XV a través del Mediterráneo. Perseguidos políticos o religiosos, penitentes o peregrinos siguen siendo vistos de manera peyorativa por los habitantes de la península. Incluso en alguna época se hicieron leyes antigitanas.

Los gitanos siempre han sido visto como invasores de costumbres exóticas, por lo que son marginados y rechazados. Sin embargo, la cultura española no ha sido indiferente a esta influencia, y en las líneas de su historia han quedado trazados los pasos de estos viajeros.

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