12 febrero, 2019

La buena educación mexica

En la filosofía mexica, los hijos eran considerados como una dádiva de los dioses, por ello era importante que aprendieran las actividades que realizaban sus familias, el respeto a las instituciones y a los adultos y a venerar a sus deidades. 

A partir de los tres años los infantes debían ejecutar tareas sencillas donde aprendieran la obediencia, conforme crecían, se les iba asignando labores más complejas y difíciles como el oficio de los padres en el caso de los varones y preparar alimentos e hilar ropa en el caso de las niñas.

Cualquier indicio de rebeldía en los niños y adolescentes era motivo de reprimenda, llegando incluso a castigos como los azotes, la aplicación de púas de maguey en los pies o la aspiración del humo de los chiles asados. Las jovencitas, por su parte, se les reprendía haciendo que barrieran la calle durante la noche si se mostraban demasiado coquetas o chismosas. Este castigo tenía como fin la humillación pública que era considerada peor que una paliza.

Cuando los jóvenes cumplían quince años eran enviados obligatoriamente al Calmécac o al Telpochcalli, mientras que las mujeres se quedaban en el hogar materno para seguirse preparando para ser buenas esposas.

En el Calmécac, los muchachos aprendían los relatos históricos dibujados en los códices y si mostraban habilidad para la pintura, en su momento, se encargarían de elaborarlos. Por su parte, los hijos de los sacerdotes eran formados para llevar a cabo ceremonias y rituales, así como aprender la mitología. Todos los alumnos estudiaban literatura, lengua náhuatl y sabían declamar. Además se les enseñaba el manejo de la administración pública para que en un futuro se convirtieran en maestros, jueces o gobernadores.

La vida en el Tepochalli era dura: desde el frío baño en la laguna a muy temprana hora, la frugal alimentación, la enseñanza del cultivo de la tierra, las prácticas de autosacrificio y el uso de las armas. Esto último representaría un ascenso en la escala social, si es que mostraban habilidad y coraje para la batalla, pues se convertirían en distinguidos guerreros a quienes se les premiaba y rendía honores.

Ya fuera en el Calmécac o el Telpochcalli, la educación para los mexicas era fundamental, no sólo para la formación académica de su sociedad, sino para la formación de ciudadanos respetables y productivos.

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