11 marzo, 2019

Tres años de Guerra en México

Poco después de finalizado el movimiento independentista, en México surgieron dos bandos con sus respectivos caudillos: el conservador que defendía la preservación del sistema monárquico y los liberales que abogaban por la formación de una república con una constitución y un sistema democrático. Después de varios choques políticos estalló la llamada Guerra de Reforma que duró entre los años 1858 y 1861. 

La también conocida Guerra de los Tres años tuvo  alrededor de 22 batallas, la primera en marzo de 1858 en Celaya y la última en Calpulalpan en diciembre de 1860. Los militares que protagonizaron estos enfrentamientos del lado de los conservadores fueron Miguel Miramón, Félix Zuloaga y Leonardo Márquez Araujo, este último era partidario de Antonio López Santana. En el bando de los liberales estaban Santos Degollado, Jesús González Ortega e Ignacio Zaragoza, famoso por derrotar al ejército francés.

El principal interés de los liberales residía en crear un modelo de Estado donde la educación, la igualdad y la modernidad fueran sus principales ejes, sin embargo, estos cambios implicaban quitar los privilegios que en ese entonces tenía la Iglesia Católica.

A pesar de los problemas económicos que implicó para el Estado y la sangre derramada, en esta Guerra no hubo vencedores, aún con el triunfo de los liberales en Calpulalpan, el ejército conservador siguió teniendo la suficiente fuerza como para entorpecer los intentos del entonces presidente Benito Juárez para hacer los cambios necesarios en la Nación.  Ambos bandos buscaron alianzas con otros países  con el fin de imponer su autoridad, pero aún así, los conflictos no lograron solucionarse.

El sufrimiento y la pobreza del pueblo que ya estaba desgastado de tantos encuentros entre los dos bandos, la intervención de fuerzas extranjeras, la lucha entre dos gobiernos paralelos –uno desde la Ciudad de México y otro desde Veracruz-, fueron mermando la fuerza y la capacidad de ambos grupos.

La Guerra de Reforma significó el rompimiento definitivo de la alianza que existía entre la Iglesia católica y el Estado y la promulgación de las leyes que marcarían el camino de México hacia la constitución del Estado moderno.

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